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2000 razones para cambiar abono

Chillavi busca la sostenibilidad de su producción pasando de una dependencia de la papa comercial a una búsqueda de preservar las especies nativas a través de un registro comunitario de semillas de papa. Parte de este proceso es el cambio de abono, única forma de asegurarse que las distintas variedades crezcan, se fortalezcan y sean productivas.


Entre el 15 y 16 de agosto, en una reunión en la subcentral campesina de Chillavi, varias familias de comunarios decidieron volver a usar abonos tradicionales y alternativos.

Chillavi, pequeña subcentral que se encuentra en las montañas, en Ayopaya, se sostiene con el cultivo de la papa. Producen principalmente waych’a, una de las variedades con más acogida en el mercado nacional, que es llevada al mercado casi en su totalidad. También producen otras variedades de papa nativa, de hasta 60 tipos distintos, para el consumo local e intercambio.

Estas papas nativas, diversas y ricas, fueron desplazadas por las semillas certificadas ofrecidas por varias instituciones, nacionales y transnacionales, que se ocupan de hacer controles de calidad con miras al mercado. El problema está ahí: se mira al mercado, no a otras opciones, a otras necesidades o tradiciones. Esta mirada enfocada en el mercado está produciendo una serie de desajustes que tienen un gran impacto, sobre todo en la soberanía alimentaria de las comunidades pero también en la calidad de vida y en la alimentación de los habitantes.

Uno de los desajustes viene asociado con los agroquímicos necesarios para la producción de waych’a. Para aumentar la productividad de semillas certificadas, para lograr la certificación de la producción y poder comercializarla, se necesita usar agroquímicos que agotan los suelos y que no permiten el crecimiento de las variedades wayk’us, ajawiris o luk’is, que son las más consumidas por los comunarios, además de las variedades usadas para la producción de chuño.

Subcentral de ChillaviChillavi busca la sostenibilidad de su producción pasando de una dependencia de la papa comercial a una búsqueda de preservar las especies nativas a través de un registro comunitario de semillas de papa. Parte de este proceso es el cambio de abono, única forma de asegurarse que las distintas variedades crezcan, se fortalezcan y sean productivas.

Chillavi no es la única subcentral que está en este camino. Varias comunidades y localidades están iniciando este registro, además de hacer experimentos productivos con abonos orgánicos, recuperando conocimientos reproductivos y productivos que permitan la diversificación de producción y el fortalecimiento de las redes de intercambio.

Se calcula que hay 2000 variedades de papa y tubérculos nativos. Solo 33 variedades tienen certificación para su comercialización. Si queremos lograr la autonomía local, la soberanía alimentaria y la preservación de especies fundamentales para las comunidades, si queremos pasar de una dependencia total del mercado a una autonomía sostenible, tenemos 2000 razones para dejar de usar agroquímicos y buscar nuevas formas de enriquecer nuestra tierra. 

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