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Opinión

Cada que veo circular una bicicleta por las calles de nuestra ciudad me entra una profunda nostalgia pensando en que este medio de transporte barato y anticontaminante se constituyó en las décadas de los años 60 y 70 en un medio de convivencia ciudadana, que caracterizaba el transitar por las calles amplias y con respeto al ser humano y habitante de esta urbe. 

Actualmente, se constituye en el medio más peligroso y menos recomendable por el gran riesgo que significa conducir una de ellas en las avenidas veloces y raudas que priorizan una circulación amplia de vehículos contaminantes de la atmósfera citadina, que se expresa precisamente en esta época cercana a invierno con mayor magnitud y evidencia. Sin embargo, vale la pena hablar también de la prioridad que las autoridades brindan a este medio de transporte. 

A más de una mención de su beneficio ambiental, económico para la salud pública y de algunos días del peatón y la bicicleta, las últimas gestiones municipales han abandonado la posibilidad de establecer acciones verdaderas de priorización de la infraestructura para mejorar su seguro transcurrir por las vías donde los vehículos motorizados son prioridad.

¿Será que una fuente principal de ingresos económicos son los vehículos motorizados para no poner un límite a la circulación y/o restricciones que se pueden establecer para bajar el flujo desordenado y contaminante de los vehículos de servicio público y privado? O ¿será que los planificadores y administradores municipales de esta ciudad no saben cómo reconfigurar el sistema vial para mejorar la transitabilidad de la bicicleta o, simplemente, el mercantilismo y necesidad económica prima más para los tomadores de decisiones que no pueden poner orden y sustento a la vialidad de la ciudad para mejorar las condiciones actuales? Incluso existen aberraciones actuales como el de establecer una ciclovía en una calle totalmente estrecha y congestionada (calle Ecuador) en el centro histórico y creer que poner barreras físicas será la solución para separar el flujo de bicicletas y vehículos motorizados. 

Es posible que la nueva modernidad plantee la necesidad de ampliar las vías de circulación en algunos casos, pero, en otros, el ampliar la vía incluye ampliar el universo de motorizados que circularán por ella y, por ende, mayor conflictividad vial. 

Ni hablar de la educación vial que es otro aspecto que realmente no contribuye a mejorar la transitabilidad, porque las conductas de los conductores de vehículos están muy alejadas de respetar a la bicicleta y el peatón, al punto de constituirse precisamente en el primer factor de riesgo. La posibilidad de priorizar la circulación de la bicicleta permanecerá como un gran desafío para las autoridades municipales que ingresan en breve y ojalá que no se extinga definitivamente.

CIUDAD SUSTENTABLE 

Autor: José Castellón Onofre

Agrónomo, Investigador FCAPyF-UMSS

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 Fuente: Periódico Opinión

https://www.opinion.com.bo/opinion/jose-castellon-o/bicicleta-ciudad/20210427215459817272.html

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