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En Bolivia como en la mayoría de los países de Latinoamérica las semillas corren el riesgo de ser privatizadas.

La norma general sobre semillas de especies agrícolas, aprobada en 2009 por el Instituto Nacional de Innovación Agropecuaria y Forestal (INIAF), busca que todas las semillas de especies agrícolas destinadas a la agricultura sean producidas por instituciones especializadas en producción de semillas, proceso a ser controlado por el Estado.

La misma norma establece que toda semilla destinada a la agricultura debe pasar por procesos de registro, certificación y control del comercio de semillas.

Personas o productores que comercialicen, utilicen, distribuyan o transporten semillas que no hayan pasado por los procesos de certificación podrían ser sancionados con multas pecuniarias, decomiso del material en cuestión, clausura de los establecimientos y hasta uso de la fuerza pública para el cumplimiento de la norma.

El INIAF durante el pasado año realizó convenios con el Servicio Nacional de Sanidad Agropecuaria e Inocuidad Alimentaria (SENASAG) y con la policía Forestal y de Preservación del Medio Ambiente (POFOMA), para fortalecer las capacidades técnicas y operativas para el control del comercio, distribución y transporte de semillas, en cumplimiento de la normativa vigente.

Recordemos que las semillas desde sus orígenes son un componente fundamental de las culturas, la soberanía y autonomía alimentaria de los pueblos. Las semillas son el resultado del trabajo colectivo y acumulado de cientos de generaciones de agricultores que han domesticado, conservado, criado, utilizado e intercambiado las semillas desde épocas ancestrales.

Jamás a nadie se le había ocurrido apropiarse de las semillas en los aproximadamente diez mil años de uso irrestricto de las semillas en manos de sus creadores. Recién a mediados del siglo XX grandes empresas transnacionales semilleras empiezan a imponer derechos de propiedad intelectual sobre variedades híbridas y a finales del siglo XX, con la “creación” de los transgénicos por un puñado de transnacionales semilleras y agroquímicas, llevan a extremos inimaginables el robo y la apropiación de la biodiversidad, quienes manipulan gobiernos a nivel global, para que aprueben normas, que prohíben a los pueblos del mundo entero a que puedan guardar sus propias semillas.

De esta manera se está impulsando el monopolio sobre todas las semillas y peligrosamente están pasando a propiedad de no más de diez empresas multinacionales.

 

Visto 1009 veces Modificado por última vez en Lunes, 27 Octubre 2014 08:53
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