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Seguridad y Soberanía Alimentaria

En Bolivia los productos agroindustriales son exportados en más del 80% con muy poco valor agregado, salen al exterior para alimentar al capitalismo transnacional. En el caso de la producción de commodities como la soya, algodón, sorgo, caña de azúcar, entre otros, son para alimentar al ganado mayor y/o menor en otros países,

en porcentaje menor al ganado de nuestro país, o para la fabricación de biocombustibles.

¿Qué aspectos negativos tiene este tipo de producción de materias primas agroindustriales para la mayoría de los bolivianos?

El aparente componente técnico, con el que se quiere justificar el ingreso y masificación de cultivos transgénicos en la agricultura del oriente boliviano, que en la actualidad ya representa, algo cercano al 50% de toda la superficie cultivada de nuestro país; estamos hablando de que casi la mitad de los suelos cultivados en Bolivia son sembrados con transgénicos, en los cultivos de soya, maíz, algodón, papa y otros.

Cultivo de soya en oriente

Grandes estensiones de cultivo de soya en el oriente boliviano (Foto: CENDA)

Maíz transgénico contamina a maíces nativos

Lo datos de PROBIOMA muestran que en el mundo existen 181 millones de hectáreas de cultivos transgénicos, que son bastante peligrosos, incluso en otros países están prohibiendo “qué pasa con los países pobres como nosotros, ahí se van incrementando los cultivos transgénicos. Consumimos maíz en Bolivia, un alimento importante y el maíz transgénico una vez que ingresa, contamina todos los otros maíces criollos, nativos que tenemos. En Bolivia tenemos más variedades que México”, dijo Antonio Sanjinéz. (Encuentro Nacional de Semillas, 25, 26 de junio 2015)

Esta situación no solo tiene que ver con lo técnico-productivo, encierra un componente profundamente político, pues se trata de la imposición de un sistema de producción que quita la soberanía alimentaria del país.

Variedad de maiz Vacas

Variedades de maíz nativo en Municipio Vacas, Arani-Cochabamba (Foto CENDA)

La semilla transgénica es propiedad privada

La semilla transgénica tiene un dueño, es de propiedad privada, por lo tanto está protegida por patentes denominadas “derechos de propiedad intelectual”, significa que estas semillas solo pueden sembrarse si el dueño lo permite, claro está previo pago en efectivo. Estas semillas se venden “casadas” con agroquímicos altamente tóxicos, incluso considerados causantes de cáncer en humanos por la Organización Mundial de la Salud (2015) como el Glifosato, un herbicida que mata toda forma de vida vegetal, menos al cultivo transgénico.

Tecnología muy peligrosa

La soya transgénica utiliza muchos agroquímicos como el glifosato (nombre comercial es Roundup) es un herbicida cuya patente la tiene la Transnacional Monsanto. “Los efectos de los transgénicos son bastante peligrosos. En el estudio de un francés, que les han dado de comer a las ratas maíz transgénico y agua contaminada con el glifosato, les ha salido tumores; entonces los transgénicos es una tecnología muy peligrosa”, explica Antonio Sanjinéz, PROBIOMA.

Lo que se busca con esta forma de cultivar la tierra, es priorizar el beneficio monetario de estas grandes empresas, destinando estos cultivos a la alimentación de ganado en países lejanos, o para la elaboración de biocombustibles para los autos; dejando en un segundo plano la alimentación y la salud de la gente, ni toman en cuenta el daño a veces irreversible al medio ambiente.

Nueva forma de colonización

El control de las semillas, se está convirtiendo en una nueva colonización de los pueblos del mundo a través de la alimentación, pues los dueños de las semillas serán los que decidan quién cultiva y quién no, por lo tanto tendrán la decisión final sobre qué consumimos y sobre la vida y la salud de los seres humanos de todo el mundo. En Bolivia, las políticas agropecuarias impulsadas desde el gobierno, fomentan y protegen a un puñado de seres humanos organizados en grandes transnacionales más poderosos que cualquier Estado del mundo, en contra de toda la población. Este es el camino real a una recolonización total de toda la población boliviana.

Tiene que haber resistencia

Eduarda Mamani, autoridad de la Nación Charca: “Estamos muy preocupados por las semillas transgénicas qué productos sanos vamos a dejar a los que a nuestros nietos, bisnietos. Nosotros ya estamos sufriendo los impactos que de los transgénicos, porque hay cáncer, hay más enfermedades; la vida no se compra, si queremos conservar buena salud, buen vivir tenemos que cuidar nuestra madre tierra, tiene que haber resistencia”.

Analizar esta realidad y proponer cambios a estas políticas, se ha convertido en algo prohibido y peligroso, los que lo hacen son acusados de trotskistas verdes, derechistas, los que apoyan a los colonialistas y otros adjetivos descalificadores; en la práctica son las políticas productivas estatales las que están llevando peligrosamente a la dependencia alimentaria absoluta a todos los bolivianos.

Gradualmente se está eliminando las voces críticas

El precio a pagar por la gente e instituciones que se atreven a investigar y difundir estos temas, es la judicialización/ilegalización de las personas y/o las instituciones que alzan su voz crítica, en síntesis se está eliminando gradualmente cualquier forma de crítica y se está imponiendo un modelo absolutamente antihumano y en contra de todos los seres vivos y de la naturaleza, con el apoyo y complicidad de nuestros propios hermanos en función de gobierno.

Alimentos nativos sanos

Seguridad alimentaria: Alimentos sanos, producidos orgánicamente, de la parcelas a la mesa (foto CENDA)

“Las organizaciones no decimos nada”

Valerio Trigori, Ayllu Phanakachi, Norte Potosí: “Las organizaciones sociales no decimos nada frente a esta situación, es hora de reivindicar nuevamente nuestros derechos individuales y colectivos. No podemos aguantar esta situación, es hora de levantarnos y hacer un movimiento frente a esta situación que estamos pasando en Bolivia”.

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CENDA

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